Krahe, el de los dedos vertiginosos…

julio 30, 2015 en cantautor, cantautor Barcelona, cantautor Tarragona, escritor, escritor Barcelona, escritor Tarragona, Música, músico Tarragona, Noticias

Krahe, el de los dedos vertiginosos…

Su concierto estaba anunciado en la ciudad. Era el mes de octubre, o tal vez diciembre, no recuerdo. Unas horas antes de su actuación en un Café-Teatro en la calle Gasómetro pasé por ahí. No tuve coraje de probar si la puerta estaba abierta. Me senté en un banquillo cercano. Esperaba que alguien entrara o saliera, tal vez él mismo, tal vez a fumar un cigarro que no habría sido el de después ¡Gracias tabaco!

Tiempo después (ahora no sabría decir cuánto estuve sentado allí, construyendo en mi cabeza una hipotética conversación con él) salió uno de sus músicos, fue a un coche y arrancó. Yo me levanté y corriendo alcancé la puerta antes que se cerrara. Estaba dentro. Aún no sabía que decirle. Decidí improvisar. Total, las conversaciones que uno se monta en la cabeza nunca suelen salir como uno espera.

Faltaba más de una hora para que empezara el concierto. La música de Triana bailaba en la sala aún vacía, el escenario ya estaba preparado: el contrabajo, la guitarra, un clarinete y un micrófono con su pie. Apoyadas en la barra tres personas bebían y charlaban. Allí estaba él, lo reconocí enseguida. Inconfundible.

¿Sabes que he tocado “La Hoguera” en una de mis actuaciones?

Respiré hondo, con paso firme me dirigí hacia ellos; él destacaba, era el más alto, el más viejo.

– Hola Javier, pues, quiero decirte que, bueno… (en ese momento me empané, no sabía qué coño le estaba diciendo, ¡maldito porro! Podría haberle preguntado de cómo se le ocurrió escribir Señor Juez, o que sus primeros discos me gustaban más que los últimos.) …me encantan tus canciones, sobretodo…

Me interrumpió.

– Si vienes esta noche podrás escuchar los nuevos temas, sabes, estamos presentando el nuevo disco.

– Lo he escuchado y mola (mentí con descaro, ¡es uno de sus discos peores! Para mí.) Querencias y extrávios. (Se lo dije así, con tilde en la a) Me encantaría venir, pero es que no tengo trabajo y tampoco los quince euros para pagar la entrada.

Me miró sin entusiasmo con sus ojos azulados. – Querencias y extravíos. Dijo enfatizando la i donde iba el acento.

– Ah ya.

Me colgué. No supe decirle nada más. No podía soltarle ningún rollo. Sus ojos estaban clavados en mi, su tic no paraba. No decía nada. ¿Has acabado? Leí en su mirada. En fin, me sentí culpable de algo malo que no había hecho, saludé cordialmente y me fui.

Llegué a casa triste, con un vacío dentro. Había ido a molestarle y me sentía ofendido porque no había sido amistoso conmigo. ¿Qué pretendía, que me invitara a una copa? En represalia no volví a escuchar sus discos.

Desde entonces lo vi solo una vez, fue en una de sus actuaciones en un teatro en Barcelona. Escuché sus nuevos temas y sus clásicos. Los arreglos trabajados, la complicidad entre él y sus músicos, y la mordaz ironía de sus letras. Me encantó ese concierto.

Hasta siempre chico calvo que canta.

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