Especímenes puramente estivales

agosto 27, 2015 en Noticias

especímenes

Llega el verano y con él, como caracoles en tiempos de lluvia, salen de sus caparazones rutinarios unos especímenes puramente estivales: los veraneantes.
Sus vacaciones empiezan el día antes de dejar la ciudad para ir a la costa, cuando piensan: “Mañana saldremos de madrugada, para no encontrar cola en la autopista.” Y al día siguiente, en las carreteras se encuentran con centenares de conductores que habían tenido la misma brillante idea. Colas kilométricas.
Los veraneantes llegan dispuestos a pasárselo bien, tienen buena actitud, sonríen. Como parásitos se multiplican día tras día. Invaden pequeños pueblos cerca del mar y en los aparcamientos de las calles, vacíos en invierno, ahora no cabe ni una aguja. Yo vivo aquí todo el año, ¡quiero dejar mi coche aparcado donde lo aparco siempre!

Qué va. Nadie me hace caso.

El veraneante es el rey del mambo… “¡1-1,1-2 mambo! ¡1-1,1-2 mambo! ¡1-1,1-3!: siempre hay un número que jode”. (P. Rubianes) …lo pretende absolutamente todo, tiene la cartera rebosante de dinero ahorrado durante todo un año de trabajo y quiere gastarlos hasta el último centavo antes de volver a su vida de trabajo, casa, iglesia, putas, família, cocaina, fútbol, alcohol, hipotecas, impuestos, week-end. Famélicos lo devoran todo: paellas, tapas, pollos asados con patatas fritas, mariscadas, menús de 12, 13, 15, 25 euros; los primeros días gastan y gastan sin reparo.
Estos especímenes llegan felices, pero en cuanto pasan los días, junto a sus ahorros se va agotando también la felicidad, que dejar lugar a una melancolía y un nerviosismo innato. Sus últimos días de vacaciones se convierten en un infierno, ven acercarse el final de un sueño, el regreso a la rutina, se vuelven infernales, se quejan por todo, ¡discuten con todos: mujeres, maridos, hijos, suegros, vecinos, camareros! Y no dejan más propinas.

Los veo cabizbajos mientras miran pasar los segundos en sus relojes. Después de quince días huyendo a la sumisión de las leyes imperantes de la sociedad moderna, sus vacaciones se terminan, ya es hora de volver a la ciudad, al tajo, a la libertad obligatoria.

Nos veremos el año que viene.

¡O quizás no!

 

 

El veraneante

 

He trabajado duramente todo el año

perdiendo los cabellos

escondido en las entrañas de la ciudad.

El inviernos es duro, el jefe está más viejo.

Sin embargo el verano ha llegado

¡Por fin!

La playa soleada me está esperando

mejor me doy prisa

antes que las vacaciones terminen.

Ahora que me remojo en la orilla del mar

el tiempo huye inexorable.

Maldito sol que surges cada día

bastardos relojes que cargáis

vuestros segundos sobre mi piel.

La playa a rebozar.

El calor insoportable.

Niños que chillan.

Suegros bajo la sombrilla.

Pareja insoportable.

¡Quiero huir

dejadme volver al curro

a mi máquina de café aguado

a planear las vacaciones del año que viene!

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