Borrachera con Dios

septiembre 3, 2015 en Noticias

dios

 

Cuando salía de trabajar, era mi costumbre, antes de regresar a casa, ir a beber unas cervezas. Merecidas. Entré en el bar lleno de humo. Varias personas sentadas en la barra, cabizbajas, bebían y parecían revelar a las copas sus sueños de niños, sus angustias de adultos.

Aquella noche, en ese bar de mala muerte, me emborraché junto a Dios. Lo encontré melancólico, sentado en medio de borrachos, de ladrones, de chulos; él también con la mirada perdida en el vaso de whisky. En principio no lo reconocí, aunque su larga barba blanca me dio un indicio. A decir verdad, pensé en Papa Noel, o mejor dicho, en una de esas personas que en el mes de diciembre se disfrazan por cuatro sórdidos pavos, y que miserablemente se gastan en coñac. Sin embargo corría el mes de agosto y ese señor no era Papa Noel.

Era Dios.

Me senté a su lado, pedí al barman una ginebra. De reojo miraba a ese personaje que no decía nada. Un pobre viejo borracho en pijama, tal vez huido del manicomio. Él me miró y en sus ojos vi algo nunca visto en una mirada.

-Brindemos para mi gran creación: ¡el hombre! -dijo de repente con tono sarcástico, tragándose lo que quedaba en el vaso. Me habló de su proyecto que había sido un fracaso. Por este motivo todas las noches buscaba un bar en algún suburbio para beber y olvidar. Cada noche charlaba con alguien. Esa noche habló y se embriagó conmigo. Cuando el alba se aproximaba, se despidió diciéndome que no contara a nadie sobre nuestro encuentro. Entró al baño y se esfumó.

Me desperté en mi cama con el mono de la fábrica donde trabajaba puesto. La almohada apestaba a ginebra. Ese día no fui a trabajar, nunca más fui a trabajar.

– Buenos días doctor.

– Hola, ¿cómo se encuentra hoy?

– ¡De puta madre! Dígame una cosa, ¿nunca se ha emborrachado con Dios?

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